De la Dominacion a la Armonia: Rompiendo el Mal Heredado del Antropocentrismo
- Sandra Mendoza Barrera

- 9 ene
- 2 Min. de lectura
Sandra Mendoza
enero 2026
En el vasto tapiz de la creación, donde cada hilo vibra con un propósito único, el ser humano ha tejido durante siglos una narrativa peligrosa: la de la dominación absoluta sobre las demás especies. Este "mal heredado", arraigado en filosofías antropocéntricas que nos colocan como señores supremos de la Tierra, no es más que una ilusión destructiva. Como abogada ambiental, he visto de cerca cómo esta mentalidad justifica la explotación desenfrenada de ríos contaminados, bosques arrasados y animales confinados en jaulas de sufrimiento. Pero ¿y si reconociéramos que el hombre es, en esencia, un animal más? Un ser interconectado en la red de la vida, no su tirano.
Imaginemos un mundo donde el respeto reemplaza al dominio. Cada especie —desde el colibrí que poliniza nuestras flores hasta el lobo que equilibra los ecosistemas— posee un valor inalienable: espiritual, como expresión divina de la creación; ecológico, como pilar de la biodiversidad que nos sostiene; y social, como espejo de nuestra propia humanidad. El jaguar en la selva mexicana no es un trofeo, sino un guardián ancestral cuya dignidad nos recuerda la nuestra. Negarle una vida digna es negarnos a nosotros mismos el derecho a la armonía.
Combatir esta filosofía tóxica comienza con un acto humilde: la escucha.
En lugar de imponer nuestra voluntad, cultivemos la empatía profunda que nos une a toda vida. Propongo tres pilares para este cambio paradigmático:
Educación transformadora: Integra en escuelas y universidades currículos que enseñen la interdependencia vital. No como lección abstracta, sino como experiencia: salidas al campo donde niños toquen la tierra y escuchen el susurro de las hojas, comprendiendo que el humano es parte del coro, no su director.
Legislación viva: Desde mi labor como abogada ambiental, abogo por marcos legales que reconozcan derechos inherentes a la naturaleza, como los ya emergentes en constituciones de países hermanos en América Latina. Leyes que prioricen la regeneración sobre la extracción, castigando no solo daños ecológicos, sino la cosificación espiritual de los seres vivos.
Práctica diaria de reverencia: En lo cotidiano, elige el consumo consciente —alimentos regenerativos, vestimenta ética— y rituales de gratitud, como agradecer al agua antes de beberla. Cada acto de respeto multiplica ondas en el tejido social, inspirando comunidades a proteger santuarios para aves, ríos y mamíferos.

Este giro no es utopía; es necesidad. La crisis climática grita lo que el alma ya sabe: dominar nos ha llevado al borde del abismo. Elegir el respeto, en cambio, nos eleva. Somos animales en la creación, herederos de una dignidad compartida. Honremos eso, y la Tierra florecerá con nosotros.
¿Estás listo para soltar las riendas del dominio y abrazar la danza de la vida?



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